sábado, 6 de septiembre de 2008

Mi interrail interior

Este momento se merece un "Knocking' On Heaven's Door" por la voz más triste del mundo


Soy estudiante, y en verano, desde los dieciséis he trabajado. Y aunque solo tenía diecisiete años, me cansé de trabajar y de lo que significaba tener dinero. 

El primer año fue muy bonito, cámara digital, mp3, ropa, regalos… Era el ejemplo que los padres ponían a esos hijos que se pasaban el verano sin nada que hacer. Pero el segundo año lo vi como el final de las etapas que acaban cuando aún no empiezan. Todos “mis amigos” iban a la playa, al cine, quedaban… y yo encerrada detrás del cristal de una charcutería, así que con la misma grasa que empañaba el mostrador, empecé a ver la vida. Solo fueron tres meses, y diréis:
- Pues vaya con la niña que trabaja unos meses y se está queja
ndo

Pero creo que hay cosas que no se debería precipitar tanto. Ahora solo tengo veinte años y este ha sido, después de cuatro veranos trabajando, el único que no he hecho nada. Ni despertadores sonando, ni uniformes que planchar, ni falsedades a terceras personas… Solo yo, internet, libros, películas, series, un coche siempre en la reserva, y un amigo al que llamar siempre para una buena conversación.

Cuando me cansé del significado de “trabajo” y de la monotonía que marcaba en la mundana vida, decidí cargar mi maleta de ganas de salir de la monotonía, amigos que nunca estaban, un amor al que ir a visitar algo más al norte y música triste... Como todos los sueños que caen, mis amigos, “El club de los poetas muertos” (como nos calificaban nuestros profesores más bohemios), hablábamos de hacer el inter-rail. Pero se quedó en “indigencias somnolientas”. Así que a principios de septiembre compré un pasaje, empezando mi camino por Valencia y marché sola por esos caminos de godos…

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